En ocasión del Encuentro Regional de Cronistas, con el tema de “Personajes en el Municipio”

En ocasión del Encuentro Regional de Cronistas, con el tema de “Personajes en el Municipio”, realizado el pasado 10 de agosto en Carbó, Sonora, por encargo del cronista municipal Víctor M. De la Torre, el profesor Sacramento Acosta López, cronista honorario, dio lectura al siguiente texto.

PROF. MARIANO OLIVAS. LEGADO QUE PERDURA

Por Víctor M. De la Torre
Pareciera que entre más pequeño es un pueblo, más personajes coexisten y por lo tanto, más notoria es su existencia, pero también, más entrañable su ausencia cuando ésta se presenta y es una realidad. “Como hacen falta”, dijo una vez, llena de nostalgia, la Clarita Andrade.
Un personaje es vida y corazón; razón de ser, identidad cultural notoria en una comunidad. Los hay desde el ámbito del quehacer cotidiano en actividades propias del municipio, en los servicios públicos, en el restaurant, en la cantina y en el hogar. Puede ser el herrero, el campesino o el vaquero; puede ser un deportista, algunos que viven en situación de calle, otros en el sector salud, y por supuesto en la noble tarea educativa. Precisamente, nuestro personaje emana de este sector. El fue el Profesor Mariano Olivas Bickerton.
Lo que a continuación  se expone, es una crónica elaborada luego de una ceremonia oficial, en la que se instituyó el nombre de nuestro personaje, a un auditorio- o Centro de Usos Múltiples, como reconocimiento perenne a la obra, dedicación y trayectoria educativa.
Dice así:
No cabe duda. El profesor Mariano vive. Sí, vive, no se aleja del corazón de sus ex alumnos, de sus amigos, de su pueblo, de las autoridades y por supuesto, de sus familiares.
Ahí estuvo en la tarde- noche memorable del sábado 15 de septiembre de 2007. Esta vez, no para encabezar con sus alumnos - como por muchos años lo hizo- la celebración del aniversario conmemorativo al del inicio de la Independencia, con el tradicional grito mexicano y el programa cultural preparado desde su escuela. 

No, estuvo ahí sin estar físicamente, y su presencia rondó para recibir un nuevo homenaje; un reconocimiento de quienes por siempre lo quieren y ahora lo inmortalizan, al atestiguar que el Centro de Usos Múltiples, el antiguo Palacio Municipal remodelado lleve desde hoy su nombre en San Felipe de Jesús.
Y esta vez no pudo decir que no, como cuando se le quiso implantar su nombre a la biblioteca pública de su pueblo.
Y es que, profesor, si tanto hiciste por la educación de los tuyos, si tanto te gustaba e impulsabas el hábito de la lectura… No quisiste que desde ahí, desde entonces, se te reconociera tu trayectoria, tu esfuerzo educativo, tu legado que ahora tenemos y reconocemos cuando ya no estás entre nosotros.
Pero hoy es una día especial, como lo fueron tantos para tu vida y particularmente aquel 3 de noviembre de 1996, cuando como en esa ocasión tus ex alumnos y el pueblo, con un notable reconocimiento patentizaron su eterno agradecimiento a tu persona, a tu trayectoria, al hombre que dedicó su vida a la educación con firme actitud de servicio a la comunidad.
Ahora, permaneciste ahí; escuchaste atento las palabras de introducción del maestro de ceremonias, tu ex alumno y también profesor Sacramento Acosta. Luego, el mensaje que Lidia Olivas, tu hermana, escribió y dedicó para esta especial ocasión y que fueron leídas por tu compañera maestra de primaria, al final de los años 50, Irma Andrade Estrada: “Hoy como todos los días amanecí pensando en Mariano, mi hermano querido … el mejor de los hijos y el mas bueno de todos los hermanos…”
Vino después tu ex alumna Reyna Luz Vidal Quintanar. Le admiraste su reconocida carrera académica y de investigación en la Universidad de Sonora, también tu Alma Mater, cuando cursaste ahí la secundaria y la normal. ¡Qué dicha! fuiste alumno de la inolvidable maestra de música Emiliana de Zubeldía. “Soy universitario, me tocó la suerte de tener como maestro al entonces rector Manuel Quiroz Martínez quien nos impartía clases de Tecnología de la Enseñanza y Ciencias de la Educación”, me dijiste alguna vez con orgullo. También fuiste discípulo de los reconocidos profesores Amadeo Hernández Coronado y Rafael Meneses.
Escuchaste y te regocijaste cuando a Reyna Luz inició con una introducción del poeta nicaragüense y premio nobel de la paz, Ernesto Cardenal, de su obra “Cantares mexicanos”.

Estuviste atento a su mensaje y sonreíste con satisfacción cuando dijo: “Recordar el trabajo de educadores y líderes fundadores de épocas lejanas y contemporáneas de este pueblo, nos conduce a mantener vibrante nuestra historia.
Te acomodaste mejor en la butaca y viste a continuación cuando Víctor De la Torre, tu ahijado y ex alumno subía al podium. Recordaste aquella entrevista previa que te hizo al medio día de un domingo de octubre de 1996 en el fresco zahuán de tu casa, en las amplias potronas de madera, cerca de la cocina, donde Flavia, tu hermana, lavaba los trastes y preparaba la comida con un oído a la plática, en tanto también estaba el café.
Con detenimiento y en palabras de Víctor volviste a  recordar tu llegada a la escuela primaria de San Felipe, tus elogios al equipo de maestras de la primaria  “Gral. Guadalupe Victoria”; las atenciones de identificación con tus alumnos, la invitación a trabajar en la secundaria de Banámichi; tu labor de servicio en la comunidad, los cargos  que ocupaste en San Felipe, la colaboración con los presidentes municipales, la organización de eventos  y la elaboración de tantos, y tantos discursos para ocasiones especiales.
Cómo no hacer ese recorrido si casi casi, como una obligación colaborabas siempre con el presidente municipal en turno en la organización de ceremonias y eventos, y lo más importante, en la redacción del discurso, las palabras de bienvenida para alguno de tus alumnos. Muchos fueron pronunciados por tí. Otros, de acuerdo a la ocasión elaborados para que otra persona del pueblo se encargara de emitirlos.
Tu presencia en actividades de servicio público fue creciente, constante, diversa. “Hubo un tiempo en que me acusaron que tenía todos los cargos de pueblo”, me confiaste sonriente en la entrevista. No me decían nada en la Dirección de Educación, pero sí me encontraba inspectores que me decían que tenía muchos cargos…”
Así, ocupaste el puesto de Secretario del Ayuntamiento en el periodo de José Morales y de Luis De la Torre. Al mismo tiempo, eras el encargado de la junta de reclutamiento, representante de la C.N.O.P., secretario del registro de electores y secretario ejidal. Durante 25 años fuiste secretario de la Unión Ganadera Local.

-Muchos cargos de secretario, profesor …¿por qué  no el de presidente municipal?, te pregunté.
-“Si, me la ofrecieron  muchas veces y desde allá de Hermosillo. Pero yo era feliz en la escuela, nunca aspiré a ser presidente, aunque si colaboré en todo lo posible con las administraciones municipales.
Y es que todo giraba alrededor de la escuela primaria. La coordinación que se daba entre la escuela y la autoridad se justificaba porque hubo años difíciles. Sin ser alcalde, Mariano, serviste a la comunidad desde la trinchera del aula, desde la dirección de la escuela General Guadalupe Victoria que tanto amabas, cargo que ocupaste hasta tu jubilación en 1983.
Con tus alumnos, ¡qué bonitos era los viernes sociales!, los concursos al pizarrón, tus mensajes en la formación de los lunes; la preparación para los concursos de oratoria; el repaso a las capitales del mundo, los paseos en el día del niño, el béisbol, el basket y Tú como ampáyer y árbitro…
Te pusiste de pie y felicitaste a tus dos ex alumnos. Les dijiste que para ti y para el pueblo era un honor que ambos desarrollaran con éxito su trabajo profesional en la máxima casa de estudios de Sonora 
Te acercaste y viste con emoción cuando le pidieron a Carmen, tu sobrina y también profesora, que cortara el listón inaugural del recinto que hoy lleva tu nombre. Dijiste gracias y las extendiste Ana Luz y Lidia por sus palabras de agradecimiento a nombre de la familia.
Agradecido y sonriente, expresaste tu satisfacción cuando la alcaldesa Rosa Armida Ochoa, también tu ex alumna, al filo de 8 de la noche declaró formalmente inaugurado este espacio de educación y cultura…
Intentaste salir como todos, pero te atrapó la imagen juvenil de tu foto plasmada en el interior del recinto donde permanecerás eternamente.
Hasta siempre, educador. Tu obra se enaltece con el tiempo.
Hasta aquí la crónica. Estos son unos datos de su trayectoria:
Debo decir que el maestro Mariano Olivas. tuvo una singular atención con cada uno de los integrantes de las múltiples generaciones de alumnos que formo en San Felipe desde 1954 hasta 1983.
Como muchos de los que logran una profesión, Mariano Olivas fue producto de una cruzada formativa con mucho esfuerzo.

Luego de su paso por la educación primaria y secundaria, se trasladó a Hermosillo para estudiar a la escuela normal entre 1950 y 1952, en ese entonces ubicada en la Universidad de Sonora. En la capital, fue acogido en el seno de la familia De Don Eugenio Tapia Gallego y Gertrudis (Tulita) Quijada.
 Su primer año como profesor lo tuvo en la escuela primaria “Prof. Alberto Gutiérrez” en Hermosillo, en el ciclo escolar 1953-1954. Todos los que siguieron fueron en San Felipe. Con excepción de un año, siempre con quinto y sexto grado. Desde un inicio, formó equipo con las maestras Irma Andrade, Ana Alicia Quintanar y Ana Luz Olivas.
Presumía: “…era un equipo de lujo, una escuela única con cuatro maestros titulados; ahí se estableció como sede regional del Sindicato de Trabajadores de la Educación, en donde se logró la publicación de la revista “Esfuerzo” que circulaba en la región. Publicarla era toda una hazaña” recordó.
Como director luchó siempre por conservar el que la escuela primaria en San Felipe contara con los grados de quinto y sexto, que en tantas ocasiones se los quisieron arrebatar por falta de alumnos.
Enérgica fue su defensa cuando se pensó en hacerla escuela federal. Constantes invitaciones llegaron para que el profesor Mariano incursionara en otras experiencias y niveles educativos, como el integrarse a la planta docente de la escuela secundaria de Banámichi, súplica que le hiciera el profesor Manuel García Madrid. A cambio, Mariano desarrolló una duradera labor de servicio educativo en esta comunidad, siempre con un gran acercamiento con los padres de familia.
En ocasión del homenaje en vida, en abril de 1996 en la cancha pública de San Felipe, se reconoció al maestro, al guía, al profesor amigo, complaciente, pero también exigente, preciso. Visionario, humilde. Alegre, risueño y soñador.
Al maestro que con humildad y sinceridad siempre dijo:  los logros de la escuela no son míos nada más, son de mi equipo de trabajo, de las maestras que me han acompañado y han realizado una gran labor.
¿Cómo no recordar al maestro que fomentaba entre sus alumnos un espíritu de sana competencia, nunca de rivalidad, pero si de superación, de formación completa, de compañerismo.

¿Cómo no recordar al maestro en aquellos momentos de concursos individuales, cuando pedías a tus alumnos pasar al pizarrón para desarrollar un problema matemático y luego, el estímulo al ganador con un detalle, un útil escolar, sin dejar sentido al perdedor?.
¿Cómo no recordarlo en aquellos inicios de semana durante la formación de los lunes por la mañana y aquel mensaje de análisis, de reflexión profunda del acontecer cotidiano.?
¿Cómo no hacerlo, si era un llamado al buen comportamiento, un regaño anticipado, un consejo, pero también una inyección de ánimo, una cátedra de civismo al recordar tal o cual fecha o gesta heroica?
¿Cómo no revivir aquel entusiasmo para preparar a sus alumnos en las piezas de oratoria y de declamación con tus admirados Juárez, Vicente Guerrero, Zapata, y Cárdenas como grandes personajes en la historia mexicana?
Y qué decir de aquellos “viernes sociales”…
¡“Muchachos guarden todo!,. Es viernes, primero la hora social.  ¿quién quiere cantar?. Luego la hora deportiva, ir a la cancha, al campito del béisbol y tu participación como ampáyer…
Cómo no recordar aquellos días difíciles de tu enfermedad incomprendida, y aquella lucha de no afectación a la propiedad territorial de la escuela. ¿Por qué quitárselo a la escuela si son áreas de esparcimiento y de prácticas de mis estudiantes?
Que momentos tan difíciles maestro. Que clara es tu lucha hoy a la distancia. Buscabas lo mejor para tu escuela y para quienes la conformaban y se formaban en ella.
Superado el trance al fin, reconocido tu legado, hoy solo tenemos para ti palabras y actitud de agradecimiento… 
Donde quiera que estés, vives en nuestro recuerdo y el recinto que le han dedicado ha eternizado por siempre su nombre y su obra educativa.

Muchas gracias.
Pueblos del
Río Sonora