MIGUEL QUINTANAR MENDEZ: PERDURABLE RECONOCIMIENTO A LA TRAYECTORIA DEPORTIVA

V. De la Torre. El 16 de mayo 1999, es una fecha significativa para el beisbol en San Felipe y para una persona en particular. Ese domingo, al final de un emotivo reconocimiento que se desarrolló previo al primer partido de la doble jornada ante los vecinos Cachorros de Aconchi, se hizo público que desde esa fecha en adelante, el estadio local llevaría el nombre de un gran jugador activo y disciplinado deportista de San Felipe: Miguel Ángel Quintanar Méndez.

La decisión se tomó luego de una consulta- encuesta entre aficionados, jugadores activos y retirados quienes se pronunciaron y aprobaron en abrumadora mayoría que en reconocimiento a su gran dedicación y trayectoria, el estadio llevara su nombre. Ese año, el equipo Gigantes de San Felipe avanzó a la postemporada y logró disputar la serie semifinal a los Chiltepineros de Baviácora, y la perdió en el quinto y último partido. En la ceremonia, fue retirado el número 12 de Miguel Quintanar, y al año siguiente, el 2000, la Liga Río Sonora le brindó otro reconocimiento al dedicarle la temporada. Con toda la serenidad y la emoción contenida, dado su carácter serio, callado, hablando solo con el brazo derecho a la hora de lanzar, Miguel tuvo en ese recordado momento el acompañamiento de jugadores locales formados en la línea de tercera con los que convivió largas temporadas: Humberto Trigueras, José Luis Aguilar, Efraín Ballesteros, Sergio Quintanar, Miguel Ángel Ballesteros y fuera del ámbito del Municipio, a Mario Herrera -compañero de equipo en Aconchi-, y como autoridades al Presidente y fundador de la Liga Romeo Castro Durán, y a quien le entregó la placa de deportista distinguido por siempre, el Presidente Municipal de San Felipe, Arturo Ballesteros Andrade.

La siguiente es una semblanza- entrevista que se publicó en medios periodísticos en junio de 1999, en fecha posterior a su reconocimiento:

Ser integrante de un equipo de béisbol a lo largo de 25 años es difícil y más aún, mantenerse activo como jugador en una posición en la que no es muy común durar más allá de 10 años: la de lanzador, o pitcher.

Miguel Ángel Quintanar Méndez, es uno de esos contados jugadores de la Liga de Béisbol del Río Sonora. La fortaleza de su brazo y de su cuerpo, le han permitido ir más allá de ese tiempo posible e imaginario para mantenerse y estar, año tras año, dispuesto a subir a la loma de lanzamientos en cada campo o estadio, poner su mejor esfuerzo para sumar triunfos, sin descartar que también vendrán derrotas.

El secreto, “disciplina, entrega, ejercicio, y mentalidad de que tengo que aportar algo al equipo, más si es de mi pueblo”, confiesa, el jugador nativo de San Felipe, en donde nació el 16 de septiembre de 1957.

De 42 años, el lanzador del equipo “Gigantes” de San Felipe, con quienes milita desde su ingreso a la Liga a principios de los 80, recibió un emotivo reconocimiento ante familiares y aficionados de su pueblo, de parte autoridades municipales, de la Liga; de sus propios compañeros y ex compañeros de equipo. De esa forma, festejó 25 años como lanzador activo.

HUEPAC Y ACONCHI, SUS PRIMEROS EQUIPOS EN LA LIGA DEL RIO.

Casi al mismo tiempo que empezó a trabajar en las minas asentadas en su municipio, a la edad de 16 años, Miguel inició su etapa de jugador y pronto se convirtió en el pitcher confiable, sorprendente por su velocidad y facilidad para lanzar en liga de segunda fuerza para el equipo de San Felipe, que primeramente se llamó “Los picapiedra”. Con ellos obtuvo un campeonato que supo a gloria y como lanzador fue pieza clave.

Después al finalizar la década de los setenta, inició su participación en la Liga del Río Sonora, jugando dos años para el equipo Cachorros de Aconchi y cuatro para los “Mineros de Huépac”, con quienes obtuvo dos subcampeonatos. En este mismo equipo, en 1980 logró una temporada de 12 juegos ganados sin perder. Esa ha sido su mejor temporada, y quizá un record en la liga.

“Recuerdo de esos años un juego tiré de 14 entradas contra Banámichi que finalmente perdí, y otro en el que le completé 17 ponches al equipo de Arizpe, cuando yo jugaba con Aconchi”.

Desafortunadamente, señala, de su participación en la Liga “no tengo los números de todas las temporadas, no recuerdo cuantos juegos he abierto, ni el número de ganados y perdidos” De los jugadores con quienes ha compartido el gusto de jugar y admira por su desempeño en el beisbol del Río Sonora, recuerda a Benjamín y Juventino Quihui de Arizpe, Mauricio Icedo de Aconchi, el César “Chero” Estrada, El “Chato Leyva” y Gilberto Melcher de Huépac, los hermanos Marcos y Juan Manuel Herrera de Baviácora, y por supuesto de su pueblo, José Alfredo Acosta, José Luis Aguilar y otros.

AMOR AL BEISBOL, A LA CAMISETA Y A SU PUEBLO

Miguel no solo es un jugador dispuesto a lanzar uno de los 2 partidos de la jornada, o bien volver a participar en un segundo juego relevando, o aportando hasta como corredor o bateador emergente. Todos los domingos, antes de “uniformarse”, es característico verlo colaborar “pintando el cuadro”, arreglando el terreno de juego, en fin, que todo esté en orden.

Para él, clave para de un jugador comprometido es “pensar siempre que hay que practicar, dedicarse, estar en el juego; si es sábado, pensar en que mañana tengo que aportar algo a mi equipo, más si es de mi pueblo. En esto tiene que haber disciplina, aprovechar las facultades”, apunta y recuerda que parte de su condición física la lograba lo mismo corriendo que trabajando en la minas o al irse caminando “de cacería”.

“Hay mucho que enseñar a los que vienen detrás, pero sobre todo trabajar con los niños” para tener jugadores en el futuro, considera.
Considera que en los últimos años la calidad del beisbol y el nivel de la liga se ha incrementado, por lo que es importante “echar la mano” a jugadores jóvenes. “Es importante que se fijen en jugadores que hay aquí para conformar equipos y selecciones a otro nivel”, finaliza. (Redacción: Mes de mayo de 1999)

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