MONOGRAFIA DEL RIO SONORA: UN RECORRIDO HISTORICO QUE EMPIEZA EN MAZOCAHUI Y CONCLUYE EN CANANEA

En forma contraria a como lo hace normalmente la corriente del río, de sur a norte, de Ures-Mazocahui a Cananea, así empieza el recorrido del libro que engloba un gran cantidad de documentos con mucha riqueza histórica para su interpretación. Se trata de la “Monografía histórica del Río Sonora, Distrito de Arizpe 1880-1980. Un siglo de historia regional”, arduo trabajo de compilación de Jesús Terán Morales.

La obra, séptima creación editorial del profesor cananense- huepaqueño y jojobaleño, metido a historiador, como él se dice, encierra 16 años de esfuerzo reflejados en 352 páginas distribuidas en seis capítulos.

Este libro Inicia con una narración del viaje con duración de casi un mes que hiciera el historiador y trotamundos francés Alphonse Louis Pinart, a la región del Río Sonora, del cuatro de diciembre de 1878, al dos de enero de 1879.

A decir del historiador chileno, sonorense por adopción Julio César Montané Martí (+), este personaje, Alphonse Louis Pinart, era un perspicaz aventurero europeo que estuvo en Sonora en el último cuarto del siglo XIX. “Era una especie de cazador de documentos históricos que le redituaban ganancias”, aseguró Montané y en su momento lo señaló como quien a su paso por la entidad saqueó el archivo parroquial de Magdalena y profanó un cementerio de indios Pimas en Imuris.

El viaje de Pinart al Río de Sonora, hace poco más de 130 años, partió de Ures, en donde radicaba desde hacía dos meses, el cuatro de diciembre de 1878 y da cuenta en detalle del inicio del recorrido, mencionando primero una pintura descubierta en la Puerta del Sol; el merodeo de Apaches en las cercanías de las “lomitas y la cañada ancha”, hoy Mazocahui, pasando y describiendo detalles en “el Puertecito”; también de Suaqui de Baviácora, primer pueblo en el que encontró indígenas Opatas, familia de los “Tehuimas”.

NO PASA POR SAN FELIPE, SOLO POR EL “RINCON”

El 8 de diciembre el aventurero llega a Aconchi, y visita la Misión de San Pedro y San Pablo. Luego señala que “en nuestra ruta pasamos por la “Hacienda del Rincón”, ubicada en la antigua ranchería de Sonora” sitio que hoy se conoce como “Tres álamos”. En este punto el autor Terán Morales señala que cabe la posibilidad de que el viajero haya escuchado que a las aproximaciones de ese lugar se le denominaba “El Rincón” y lo aplicó a las ruinas del pueblo que estaba exactamente en su camino, aunque no cruzó el río hacia San Felipe, ubicado justamente frente al lugar referido por él.



El recorrido continua, relucen, se destacan detalles y pormenores de pueblos, nombres y pobladores de Huépac, Ojo de Agua, Hacienda las Delicias, Banámichi , Sinoquipe, Tetuachi, Arizpe, Tahuichopa, Chinapa, Bacoachi y su presidio; Río Bacanuchi, Rio Batepito, Cuchubérachi y Cuchuta.

LOS GENERALES SONORENSES Y REVOLUCIONARIOS EN ESE MISMO CAPITULO.

La narración de lo que hizo el visitante y rastreador europeo es sólo el comienzo de la riqueza documental del libro. En ese mismo capítulo, además de tocar y relatar asuntos como el servicio de correos en los inicios de 1900, la instalación de la línea telegráfica en el Río Sonora , el autor dedica un gran apartado a la Revolución Mexicana desde sus inicios en la región del Río Sonora.



Retoma una ponencia que sobre el tema escribió el Dr. Sigifredo Montoya López, Cronista de Huépac. Luego aborda los antecedentes y aterriza en la parte histórica de la Revolución de 1910 en el Distrito de Arizpe, partiendo de un expediente del Archivo Histórico del Estado de Sonora, hasta llegar a los personajes de la lucha revolucionaria originarios de la región: El General Francisco Contreras Ballesteros, oriundo de la Estancia de Aconchi, el General de Brigada Jesús M. Padilla, el General Ignacio L. Pesqueira Gallegos, y el Teniente Coronel Máximo Othon Padilla, los tres nacidos en Huépac. También, el General Jesús Bórquez Contreras y el Sr. Carlos B. Maldonado, originario de Baviácora. De todos ellos documenta biografía, trayectoria, participación y destrezas en el movimiento revolucionario, para luego transitar y contar los sucesos revolucionarios que tocaron a pueblos del Río Sonora.

El capítulo dos lo denomina “La educación de 1880 a 1980. Diez décadas de desarrollo rural”, iniciando con los orígenes de la educación socialista, las condiciones del magisterio en 1922, y abarca tres décadas de educación pública estatal. También, habla de la educación rural en Sonora y el financiamiento de la educación en el Distrito de Arizpe.

En el tres, aborda las actividades agrícolas en el Distrito de Arizpe de 1880 a 1980 con aspectos de la propiedad de la tierra, ejidos y definición de límites entre los pueblos. Explica el inicio de los ejidos y enumera la relación de éstos núcleos en el Distrito de Arizpe, la mayoría otorgados en el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas. Incluye la existencia de los molinos harineros, los molinos de caña, “los trapiches” y la industria del “mezcal”.

El capítulo cuatro lo dedica a la minería en el distrito de Arizpe con señalamientos de conocidos centros mineros como “El lavadero” en San Felipe, la Mina el Washington en Huépac; la del “Jaralito” en Baviácora y la mina “La Chispa” en Arizpe, con un apartado especial de la “fiebre de compra-venta de minas” en el Distrito.

El último capítulo lo dedica a describir reconocidos personajes de la región como el Presbítero Ernesto López Yescas, y Jacinto López Moreno (Banámichi), el Profesor Eduardo W. Villa Romero de Baviácora, entre otros. Incluye a los comerciantes muy conocidos en el Río Sonora, la comunidad china y el censo de chinos en los pueblos.

El sexto y último capítulo se utiliza en tono más personal, para relatar vivencias y experiencias del autor, plasma poesía emanada del pueblo; habla de cocina y comidas regionales, de la Iglesia, de los funerales del Padre Noriega en Baviácora y otros sucesos y temas regionales.

Concluye con un análisis del lamentable y repudiado acontecimiento de impacto ecológico del seis de agosto de 2014: el derrame de materiales tóxicos al Río Sonora por la minera Buenavista del Cobre en Cananea. Reflexiona y se pregunta: ¿Cuál será el futuro inmediato de esta hermosa y productiva región de nuestra patria chica?

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