RIO HERIDO: CONFUSION, INCERTIDUMBRE Y DESENCANTO

De la noche a la mañana, súbitamente todo cambió. El Río Sonora llora, y sus lágrimas no tienen precisamente un sabor salado. Tienen color, aroma y destello de muerte.

La enorme capacidad y fortaleza económica del Grupo México, que le sirve para producir más de 250,000 toneladas de cobre al año, y con planes de súper expansión, más el poder político que esto le confiere, lo han trasformado en un poderoso gigante que vive y reina en un paraíso al que impunemente contamina, frente a la tibieza y poca vigilancia de los gobiernos que hasta ahora ha actuado como un complaciente e irresponsable protector.

El derrame tóxico de 40,000 metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado, desde el represo Las tinajas, de minera Buenavista del Cobre, a los ríos Bacanuchi y Sonora, la mañana del miércoles 6 de agosto —fecha de recuerdo ingrato para la humanidad, y ahora para esta región sonorense— es considerado como el peor desastre ambiental en Sonora y en el País causado por una empresa minera, y por especialistas como un “ecocidio” que se prolongará por varios años, toda vez que acaba con organismos vivos y la recuperación de los acuíferos afectados es lenta y tardan mucho tiempo en reponerse.

Por ello, cobran importancia y reflejan el profundo sentimiento de impotencia, tristeza y coraje, las expresiones de “Nos pegaron en la madre.”, “Mataron al río”, “Ahora que había llovido, nos chingaron”; “No sabemos ya qué hacer” y muchas más, externadas por productores de ganado y de leche, pequeños agricultores, comerciantes, amas de casa y, en general, por los pobladores del Río Sonora, que en conjunto forman un conglomerado de más de 20,000 habitantes.

La magnitud del desastre ecológico, al igual que otros, en los que se han perdido vidas humanas, diferentes en dimensión y características en los que se involucra al Grupo México, ha trascendido en los medios de comunicación, no sólo de la región y del país sino del mundo entero.

Luego de que la empresa minera del Grupo México ocultara la notificación a las autoridades y dependencias correspondientes por más de 24 horas —una de tantas irregularidades que han aflorado al paso de los primeros 20 días—, la noticia corría inicialmente a manera de comentario preocupante, desde la noche del jueves 7 de agosto en San Felipe de Jesús: “Avisaron los ejidatarios de Bacanuchi que se le reventó un represo a la minera de Cananea, que viene mucha cochinada y agua fea en el río, que ya tomaron muestras para llevarlas mañana para Hermosillo y que esto no es la primera vez que sucede”, se escuchó con temor.

Sin imaginar la magnitud del desastre, el impacto se comenzó a notar con más fuerza entre en los pobladores de esta región que comprende siete municipios y un sinnúmero de comunidades, ejidos y rancherías, desde la tarde-noche del domingo 10 de agosto, “día de San Lorenzo”, cuando sin información suficiente de por medio, se empezaron a cerrar los pozos de abastecimiento de agua potable.

La explicación que la empresa ha dado y sostiene —vía dos comunicados— es que el dañino derrame se debió a que, por proyectos de expansión “…se tiene en construcción un represo de solución de cobre que se desbordó por las torrenciales lluvias que ocurrieron en días pasados”. Son por demás múltiples las versionas que han circulado y que van desde que fue producto de un error humano, inexperiencia y negligencia al traspasar los materiales tóxicos de un represo a otro, pasando por fallas en la construcción, hasta la falta de mantenimiento, vigilancia y supervisión en los represos.

El titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Juan José Guerra Abud, ha dicho y sostiene que la empresa miente en este y otros aspectos, y asegura que no fue una lluvia “inusual” la que provocó la tragedia ecológica, sino una falla estructural y falta de mantenimiento en la tubería que conecta estanques que contienen los desechos tóxicos de la mina. Por lo tanto, aseguró, la empresa deberá enfrentar las responsabilidades que se deriven y la multa que se impondrá al “estrenar” la Ley de Responsabilidad Ambiental, considerando que “si ha cometido violaciones suficientes, va a ser clausurada”.

En el segundo comunicado —éste del 21 de agosto, 15 días después del derrame—se presume que “Buenavista del Cobre es una operación limpia y eficiente que no había reportado un solo incidente de afectación ambiental desde que esta empresa entró en operación, hace más de de 23 años”. Además de enumerar las medidas de apoyo a las comunidades afectadas, Grupo México rechaza las acciones “legales punitivas anunciadas por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, dada la naturaleza fortuita del incidente y la pronta y completa respuesta de la empresa”.

Con la frialdad que lo caracteriza y sin importar las consecuencias “salvajes” de la explotación minera, les recuerda a los sonorenses que desde 2012 tiene un programa de inversión por más de 4,000 millones de dólares, y que espera terminar el programa en el primer trimestre de 2016 para incrementar la producción de cobre de 200,000 a 500,000 toneladas anuales, “contribuyendo con esto a la generación de empleo y al crecimiento económico del país”.

A la preocupación por el impacto en la salud dada la presencia y acción inmediata y futura de los metales —cadmio, aluminio, fierro, mercurio, arsénico y otros— que el derrame ha dejado a lo largo de más de 250 kilómetros, se suma como consecuencia natural en la población un gran desencanto, incertidumbre, impotencia y coraje contra la empresa minera y también contra autoridades y dependencias.

No encuentran posible que se actúe con tanta tibieza y retardo ante la magnitud del evento, y rechazan que se lucre y se aproveche la desgracia para exhibición de funcionarios en búsqueda de puestos y posicionamiento de partidos políticos, ante los tiempos que se avecinan.

Si bien es cierto que tanto dependencias estatales como federales —Conagua, Grupo México, Sedesol y otras— se abocaron a la región y mantienen con amabilidad casi de comedia una permanente asistencia social, como proveer agua para consumo humano, despensas y apoyo a ciertos productores, conforme pasan los días los pobladores piensan con preocupación en lo que a futuro enfrentarán: la dificultad para restablecer actividades productivas y comercializar sus productos. Lamentan, además, la paralización de actividades escolares, que afecta a estudiantes de todos los niveles.

Ante la persistencia de una grave falta de liquidez económica entre los vecinos y productores, es necesario que se genere un registro amplio e inmediato de afectación a las actividades productivas, y emprender estrategias de resarcimiento en todos los órdenes. De las reuniones que en gran número se convocan y realizan deberán surgir acciones que devuelvan la confianza, la armonía y la tranquilidad.

Igualmente, al gran pantano de confusión e incertidumbre deberán llegar, junto a las dependencias de gobierno y a la empresa culpable del daño, instituciones académicas y científicas con investigadores, profesionistas y estudiantes comprometidos que, sin disfrazar la verdad ni dejarse llevar por el seducción del poder económico o político, aporten alternativas de solución al gran problema colectivo. No bastará con saber que a la empresa se le ha castigado con multas que el Grupo México cubrirá por altas que sean, sin que se afecten sus finanzas y sus proyectos.

Agrupaciones sociales, comunidades ejidales, productores agrícolas, ganaderos y empresarios turísticos dieron ya muestras de organización y han anunciado un frente común denominado “Movimiento Pro Defensa del Río Sonora”, que buscará encausar acciones legales en lo colectivo e individual para reparación de daños. Asimismo, pretenden impulsar con entereza el activismo social en defensa del ambiente y del entorno ecológico de la región, además de procurar el estricto cumplimiento de las leyes en la materia. No se descarta acudir a organizaciones internacionales en busca de apoyos, fondos, asesoría y defensa legal.

El Río Sonora está gravemente herido. Su población está dolida y triste. La remediación es urgente y, además de cumplir con normas y reglas oficiales, deberá tener una orientación eminentemente social, en respeto, apoyo y beneficio a las comunidades y a su noble población.

Pueblos del
Río Sonora