SAN FELIPE. A PROPOSITO DE LA REVOLUCION.

Victor M. De la Torre.

 Todos han muerto. Fueron hijos de hombres y mujeres a quienes les tocó vivir de cerca y de lejos el inicio y desarrollo del movimiento insurrecto. Son los primeros años del siglo XX. Son niños. Viven en San Felipe como pueblo libre, pero pobre, de vida difícil, heredado por sus abuelos y padres después de una larga trayectoria de más tres siglos de existencia de la antigua hacienda del mismo nombre.

Ramón Andrade, Eleazar y Conrado de la Torre, Susana Ballesteros, Refugio Estrada, Justo Quiroga, Teresa Quintanar, María Ochoa Espinoza, Norberto Tapia, Alfredo Quintanar, Roberto Ochoa, Refugio Figueroa, Felipe López, Dolores Ballesteros, Sara y Enedina Durazo, y otros, muchos más, de acuerdo a los registros de nacimiento de la primera y segunda década del siglo pasado.

Son nuestros abuelos. Con ellos debimos haber platicado lo que a su vez oyeron de sus padres y de sus abuelos: que si algo pasaba en Cananea, que se habla de que ya no se quiere al Gobierno porfirista, que un hombre de apellido Madero llama a la no reelección y a la lucha por mejores condiciones de vida…

Pero no. Son pocos los testimonios y mucho menos los documentos que retratan a ciencia cierta lo que entonces sucedía. En pláticas y entrevistas con algunos de ellos, como Dolores Ballesteros Quintanar y Doña Cuca Figueroa, hicieron breves referencias a lo que les tocó oír… y vivir.

Doña Lola, nacida en 1906 y que vivió un siglo completo, comentó alguna vez no recordar mucho. “Estaba yo muy chamaca. Cuando la Revolución terminó yo tenía unos 11 años. Apenas paraba oreja para oír a mis mayores lo que de eso se decía”. Doña Cuca Figueroa relataba a sus hijos que en una ocasión hubo que esconder a unas muchachas muy bonitas del pueblo por que se decía que los “alzados de pa’ arriba venían saqueando los pueblos y no respetaban nada…

Se refería quizá a los seguidores del levantamiento “Maderista” secundado por Francisco Villa, Pascual Orozco y Emiliano Zapata en los primeros meses de 1911.

 

POCAS REPERCUSIONES

 

El profesor Jesús Terán Morales, quien en un libro basado en documentación fehaciente, producto de una archivo familiar puso en claro el origen histórico de San Felipe de Jesús y de la comunidad de “El Jojobal”, explica lo siguiente:

“Don Guillermo Corella Pesqueira, dueño del Molino de El Jojobal en sociedad con

su cuñado Santiago Durón, de Huépac, decidió irse a Los Ángeles cuando vio venir “ la borrasca”, protegiendo así a su familia. En esa época, rentó el molino a Don Vicente Terán Olivas, hermano de Jesús Lorenzo Terán Olivas, mi abuelo”.

Terán Morales considera que en San Felipe y en el Jojobal no hubo repercusiones de la lucha armada en sus inicios. Fue hasta 1913, cuando fueron asesinados Madero y Pino Suárez, se unieron a la lucha contra Victoriano Huerta, “personajes de los pueblos vecinos como el huepaqueño Jesús Ma. Padilla, y el aconcheño Francisco Contreras Ballesteros (su madre era de San Felipe) entonces Presidente Municipal de Aconchi. Ambos llegaron al grado de brigadieres bajo las órdenes del Gral. Obregón”.

El brigadier Contreras, dice Terán, a quien se le recuerda y reconoce en la Estancia, Municipio de Aconchi, falleció en una batalla en 1915. Padilla en tanto sobrevivió después de algunas heridas en combate y fue hombre de confianza del General Obregón, tanto que regresó a Huépac en 1922 y jefaturó el destacamento federal con residencia permanente en ese Municipio, instalándolo en su hacienda de La Muralla, de la que aún quedan vestigios, con el objetivo de combatir a los Yaquis “alzados “ y dar seguridad a la región. Jesús María Padilla ya había demostrado ser proclive al porfirismo, en virtud del apoyo a los hacendados tradicionales de la región: Los Corella, Molinas, Durón, Elías y otros.

POBREZA QUE NO SE OLVIDA.

Las pláticas de nuestros abuelos, niños entonces de entre cinco y 10 años en el inicio y desarrollo del movimiento revolucionario, coinciden en algo que los marcó y recordaron para siempre: Vivieron en las milpas, felices en su niñez. Sí. Alimentados con la naturaleza y el producto del sudor y esfuerzo de sus padres en condiciones de extrema pobreza; con pequeñas siembras para el autoconsumo, con la cría de gallinas y puercos. Así, por el trabajo y la lucha que dieron para subsistir en familias numerosas, recordaban a sus padres, hombres y mujeres entregados a la labor cotidiana en parcelas, algunos, otros en minas y molinos, como el harinero de El Jojobal.

Jesús Terán considera que sin salir del Río Sonora, los pueblos de Arizpe, Aconchi, y Baviácora aportaron 20 hombres cada uno; Banámichi y Huépac 15 cada uno y San Felipe 10. En estos últimos se considera como enlistado el Sr. Liborio Padilla, sobrino del Gral. Jesús Ma. Padilla de Huépac. Eran voluntarios que se organizaron a favor del Gobierno y solo requerían de una dotación de armas para pelear.

El aniversario de inicio de la Revolución Mexicana no tiene propiamente una celebración cívica San Felipe de Jesús. No es una fecha que se recuerde en desfiles como en otros municipios como Aconchi. Pero hay una fecha significativa que si tiene celebración en este lugar: El aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917, o Carta Magna, logro y producto de la Revolución.

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